lunes, 21 de noviembre de 2011

Siempre en positivo

Aunque la abstención ha aumentado ligeramente, en las elecciones del 20N, la participacion ha sido aceptable, apenas dos puntos inferior a las anteriores elecciones.

Temía yo que el gran número de parados, la cobertura abundante del caso Gürtel, el descrédito de la clase política impulsado por los medios de comunicación de tendencia conservadora y el fenómeno de los indignados del 15M acabaran traduciendo la desafección de muchos ciudadanos hacia los políticos en un incremendo importante de la abstención, restando de ese modo legitimidad a los nuevos diputados y senadores.

Pero, afortunadamente, pese a que la abstención en España sigue siendo demasiado alta desde mi punto de vista, no ha habido el incremento temido.

La mayoría de los ciudadanos que han retirado su apoyo al PSOE han acudido a votar y lo han hecho por otras opciones, lo que se manifiesta por el incremento de representación de los partidos pequeños, aumentando espectacularmente el número de ellos que estarán presentes en el nuevo parlamento.

Lamentablemente, la ley electoral española sobre la que me pronuncio en otro artículo, penaliza a los partidos minoritarios que se presentan en todo el ambito nacional, lo que constituye una injusticia para sus votantes.

Es una buena noticia para la democracia el que los electores hayan reaccionado ante su discrepancia con lo realizado por el PSOE en la pasada legislatura y con su propuesta para la próxima acudiendo a votar en lugar de abstenerse.

Personalmente estoy muy decepcionado porque yo creo que, con los errores que inevitablemente puede haber cometido, algunos de ellos mucho más fáciles de ver a posteriori que en el momento de las decisiones, el gobierno del PSOE ha hecho durante los último cuatro años lo que era más adecuado, teniendo en cuenta la situación y nuestros principios, con dos excepciones:
  • una al actuar de modo insuficientemente rápido antes de la crisis para acabar con la burbuja inmobiliaria impulsada por el gobierno anterior del PP con su política cortoplacista.
  • otra al dar un brusco viraje a la orientación de la política económica tomando las medidas impuestas por las autoridades europeas (Comisión, Eurogrupo, Consejo, BCE y, sobre todo, Merkel y sus aliados afines) sin las explicaciones claras a los ciudadanos y sin mostrar su discrepancia con las mismas de modo mas explícito. (probablemente esa forma de actuar es la que ha permitido que España no fuera "rescatada" y haya podido mantener su soberanía garantizando que sean los ciudadanos quienes cambien el gobierno, en lugar de "los mercados" como ha sucedido en Grecia e Italia)

En consecuencia, desde mi punto de vista, el PSOE merecía haber obtenido la confianza de los votantes para llevar a cabo la salida de la crisis con una política que garantice la solidaridad y la protección social.

No lo han considerado así los españoles y de ahí mi decepción.

Pero, una vez manifestada mi decepción, hago patente también mi respeto hacia la decisión del pueblo español, que se ha manifestado de modo claro y mayoritario a favor de que sea el PP quien asuma el gobierno durante los cuatro próximos años.

Respeto que va aparejado con exigencia del mismo a todos los demás.

Nadie puede decir "no nos representan", pues, aunque es discutible si el PP debería tener mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, en cualquier caso, incluso con una representación puramente proporcional, es claro que con los votos recibidos el PP es el partido que debe gobernar.

Y ninguno de sus votantes puede quejarse de la política que va a llevar a cabo el PP, especialmente porque, los que le han votado, lo han hecho a ciegas, dándole prácticamente un cheque en blanco puesto que en ningún caso ha asumido ningún compromiso concreto, como se ha apresurado a recordar y subrayar Rajoy en sus primeras declaraciones tras las elecciones.

Por mi parte, como militante del PSOE, exigiré a los diputados y senadores de mi partido que realicen una oposición leal pero dura, intransigente con las líneas rojas del mantenimiento de los elementos básicos del estado de bienestar.

Y en el terreno interno del PSOE reclamaré una reflexión profunda y abierta, con la máxima participación de las bases, para cambiar nuestra forma de realizar la política de tal modo que se aproveche al máximo el potencial de todas las personas que militan en el partido.

No tengo ninguna preferencia por ningún lider porque lo que me parece importante no es el líder sino las ideas que impulsen nuestros principios (libertad justicia, igualdad y solidaridad) y los procedimientos que garanticen el máximo de participación, exigencia de compromiso militante, transparencia y democracia.

Y en esa evolución, además de garantizar y exigir la participación de los militantes, es necesario también salir a la calle, escuchar, provocar la reflexión y hacer propuestas.

No hemos querido esta situaciön pero debemos mirar hacia adelante aprovechando todas las oportunidades que nos brinda para recuperar la confianza de la mayoría de los españoles lo antes posible.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La regla de tres

Los economistas nos hablan de diferencial de la deuda, demanda agregada, deflación, derivados, euros corrientes, y un sinnúmero de términos que nos resultan complicados de entender.

Yo para comprender la situación de la economía y las posibilidades de su evolución necesito traducirlo a algo que se pueda expresar de un modo más simple, como una regla de tres, aplicando únicamente las cuatro operaciones aritméticas: suma resta, multiplicación y división.

Eso sí, necesito entender unos cuantos conceptos básicos. Por ejemplo, el PIB (Producto Interior Bruto) es la cantidad de riqueza producida en un país durante un determinado período de tiempo. Se suele contar por trimestres e incluye tanto bienes como servicios.

En España, entre el 1 de abril de 2007 y el 31 de marzo de 2008 (un año) la riqueza producida fue de 1.065.307 millones de euros.

El último dato conocido es el del tercer trimestre de 2011 pero si tomamos el año completo desde el 1 de julio de 2010 al 30 de Junio de 2011, la riqueza producida en España ha sido de 1.077.321 millones de euros.

Vamos a fijarnos ahora en otro concepto: el de la población ocupada en España obtenida por el método considerado como más fiable, que es la EPA (Encuesta de Población Activa)
En el primer trimestre de 2008, es decir, al final del primer período anual que he tomado como referencia anteriormente, el número de personas que tenían un empleo en España era de 20.402.300.
El dato en el segundo semestre de 2011, es decir, al final del segundo período anual tomado como rerencia para medir el PIB anteriormente, era de 18.303.000, es decir, aproximadamente 2.100.000 menos.

Haciendo una simple división del PIB entre el número de personas ocupadas, obtenemos los siguientes datos:

Cada persona ocupada en España produjo de media en un año al 31 de marzo de 2008 riqueza por valor de 52.212 euros.

En el año que terminó el 30 de junio de 2011, cada persona ocupada produjo de media 58.860 euros de riqueza.

Hemos sido menos los que hemos trabajado pero hemos producido más.

Se podría decir que, los que hemos tenido la suerte de trabajar, hemos sido más productivos en el último período. Un 12,72% más productivos.

Como la población española no ha variado apenas en este período, el nivel de vida debería ser el mismo o muy ligeramente mejor.

Sin embargo la sensación que se percibe es que el nivel de vida es peor.

Quizás sea porque el reparto ha sido mas desigual y hay personas, unos dos millones cien mil, que, al perder su empleo, han visto disminuir sus ingresos.

Pero quiero dar un paso más y calcular las posibilidades de evoluciøn de esta situación.

Para volver a la situación del 31 de marzo de 2008, sería necesario crear unos dos millones de empleos.

Si consideramos que la productividad debe ser la misma que tenemos actualmente, haciendo una simple multiplicación, para dar empleo a dos millones de personas más en España, necesitaríamos producir 117.720 millones de euros de riqueza adicionales cada año. Dicho de otro modo, necesitaríamos crecer un 10,93%

Si aceptásemos bajar nuestra productividad al nivel del 31 de marzo de 2008, cuando una buena parte de nuestros empleos eran en el sector de la construcción, "sólo" necesitaríamos aumentar nuestro PIB en 104.430, un 9,69% de crecimiento.

Ya sé que todo este razonamiento se basa en una simplificaciön. Ya sé que la productividad hay que medirla en horas de trabajo y coste de dichas horas, y no simplemente en número de trabajadores.
Probablemente haya alguna parte del PIB que no dependa de la fuerza del trabajo.
Pero en las grandes cifras, tomando en cuenta la enormidad de las magnitudes, tanto en riqueza como en número de personas, el razonamiento es válido.

¿De verdad algún partido político piensa que esto es realizable?

Hace falta un cambio mucho más complejo que el cacareado de modelo productivo, que al parecer consiste en aumentar la productividad, lo que haría la tarea de la creación de empleos aún más titánica y difícil.

Este mismo cálculo se puede realizar, con similares conclusiones, en la mayoría de los países de la llamada economía desarrollada.

Quiero que alguien me explique cómo se puede resolver este sistema de ecuaciones de dos variables, la riqueza producida y el número de empleados, pero necesito que me lo eplique de forma que lo pueda entender, con sumas, restas multiplicaciones y divisiones.

Si la explicación no es una regla de tres, no podré creerla, pensaré que están intentando liarme.

Quizás la solución esté en añadir una tercera variable: el tiempo de trabajo, la duración de la jornada laboral.

Pero de momento dejaré que lo resuelvan los políticos, o los sociólogos o incluso, aunque confío menos, los economistas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿Perdemos 4 años?

Todos dicen que para salir de la crisis hace falta un cambio de modelo económico.

 
Los cambios importantes en España los ha hecho el PSOE:
  • la reforma fiscal
  • la ley del divorcio
  • la reconversión industrial
  • la educación universal, obligatoria y gratuita
  • la sanidad para todos
  • la igualdad de sexos
  • la supresión de discriminación por orientación sexual
  • la integración en la Unión Europea
  • la sexualidad y maternidad responsables incluyendo el derecho al aborto

 
Me dejo, sin duda, cosas importantes en el tintero.

 
Quedan otros cambios importantes por hacer:
  • la entrada a fondo en la Sociedad de la Información y el Conocimiento
  • la fiscalidad alineada con Europa y la creación de una verdadera Unión Política Europea
  • las reformas laboral y social que permitan el pleno empleo
  • la reforma electoral e institucional que hagan más justa y representativa la composición del Congreso de los Diputados y más eficaz el Senado.

 
Por otro lado, la coyuntura actual requiere algunas acciones inmediatas, además de la profundización en el cambio de modelo económico:
  • un tratamiento de choque a corto plazo frente al desempleo
  • medidas de protección social para evitar la exclusión social de los más afectados por la crisis

 
La Organización Internacional del Trabajo en su último informe, citado el pasado 1de noviembre en un artículo publicado por el diario El País, ha defendido estas medidas como las más adecuadas.

 
El próximo día 20 de Noviembre los españoles debemos decidir qué partido queremos que gobierne en España en los próximos 4 años.

 
Podemos elegir entre dos modelos:
  • uno de izquierdas, liderado por el PSOE, pero que incluye otras opciones con distintos matices, como IU, Equo, BNG, etc.
  • otro de derechas, liderado por el PP, pero que incluye otras opciones, algunas nacionalistas (CIU, PNV, etc.) y otras no(UPyD, FORO, etc)

 
El primero impulsará los cambios, tal como ha demostrado en la historia de la democracia española y aplicará las medidas coyunturales sugeridas por la OIT.

 
El segundo supondrá un retroceso en los cambios, tal como ha demostrado en la historia de la democracia española, y aplicará medidas neoliberales contrarias a las que se necesitan para salir de la crisis de modo justo y eficaz.

 
De cada uno de nosotros depende el resultado: trabajar en la dirección adecuada o afrontar una pérdida de 4 años.

 
Yo optaré por la primera opción votando al PSOE.

 

domingo, 9 de octubre de 2011

Elecciones generales: La pregunta

Hoy hay tres millones de personas en el paro que no lo estaban antes del comienzo de la crisis.
Son, potencialmente, tres millones de votos menos para el partido del gobierno.
Esas personas, así como muchas de su entorno, no encuentran una explicación clara a lo que les ocurre. Los relatos de los políticos hablan de los mercados, la banca, las inmobiliarias, los otros partidos, los gobernantes europeos, etc., como responsables de la crisis, pero ninguna de sus explicaciones convence a los que más sufren las consecuencias de la crisis.
Ante cada convocatoria electoral, los indignados, entre los que se encuentran, junto con otros colectivos más afortunados, la mayoría de los tres millones de nuevos parados, al menos aquellos que más se movilizan, expresan su malestar y su indignación manifestando su rechazo a todos los políticos, especialmente a los dos partidos que más posibilidades tienen de gobernar, el PSOE y el PP.
Entiendo y comparto parcialmente la postura de los indignados, pero discrepo radicalmente de su estrategia de cara a las elecciones.
En la campaña previa a las municipales y autonómicas del mes de marzo, su mensaje era "no les votes", supuestamente haciendo referencia a todos los partidos con representación en las corporaciones y parlamentos, aunque en realidad todo el mundo entendía que esa frase iba dirigida al PSOE y al PP principalmente.
Ante las próximas elecciones generales, ya se habla en esos círculos de PPSOE, para expresar su desacuerdo con ambos partidos.
Creo que los que así se expresan lo hacen equivocándose de pregunta.
Desde mi punto de vista, ante unas elecciones generales, la pregunta que uno debería hacerse para decidir su voto es:
¿Qué debo votar para que gobierne España durante los próximos cuatro años quien yo quiero?
Pero la respuesta a esa pregunta probablemente no les gusta al 100% y, en consecuencia, cambian la pregunta para que la respuesta sea satisfactoria.
Como lo que les pide el cuerpo es castigar a alguien como responsable de la mala situación y los partidos con más posibilidades de gobernar, el PSOE y el PP, concitan su enfado, prefieren hacerse esta otra pregunta:
¿Qué debo votar para castigar a los dos partidos culpables de mi situación?
Y la respuesta a esa pregunta sí les satisface plenamente:
No votaré a ninguno de los dos, ¡Para que se fastidien!
Sin duda, algunos de los miembros de esos partidos se fastidiarán por haber perdido los votos de los indignados, pero nos olvidamos de que no votamos para los partidos políticos, sino para nosotros, para todos los ciudadanos. El resultado de las elecciones tendrá su principal impacto en todos los ciudadanos en forma de medidas de gobierno en uno u otro sentido.
El problema es que, en la práctica, esa actitud supondrá una disminución importante del número de votos al PSOE, votos que se irán a la abstención, a muchos partidos pequeños sin opción de gobierno y, en muchos casos,sin opción de obtener representación parlamentaria y sólo unos pocos a los partidos pequeños que puedan influir en la composición del gobierno si obtienen una representación parlamentaria muy superior a la actual, cosa que no es fácil, aunque es posible. En cambio, el numero de votos al PP no se verá afectado de modo significativo con estas actitudes.
El resultado de todo ello, es que todo este movimiento supondrá un beneficio importante para el PP, que verá sus posibilidades de triunfo, incluso de triunfo muy holgado, incrementarse fuertemente. Se puede concluir que los indignados que piden que no se vote al "PPSOE" son unos magníficos aliados del PP aunque sin duda no sea ése su propósito.
Quizás sería bueno que los indignados se atrevieran a hacerse la pregunta que no les gusta para evitar que el resultado de su movilización les resulte menos grato que si no hubieran hecho nada.
Por mi parte creo que la respuesta de muchos a la pregunta ¿A quién debo votar para que gobierne España quien yo quiero? Debería ser:
1: en ningún caso la abstención
2: en ningún caso a un partido exótico sin posibilidades de obtener representación en mi circunscripción
3: entre las otras opciones, la que me guste más o la que me desagrade menos
Cualquier otra cosa es dejar que otros decidan por uno mismo y arriesgarse a favorecer lo que menos le guste a uno.


sábado, 27 de agosto de 2011

Los problemas económicos de España

Los problemas económicos de España son, por este orden:
1: la distribución de la riqueza (el empleo si no encontramos otro método)
2: la deuda de las empresas
3: La financiación de las comunidades autónomas
4: la mala situación de una parte del sector financiero (las cajas de ahorros y algún banco pequeño)
5: en mucha menor medida la financiación del estado central

Probablemente mi diagnóstico no sea muy académico, pero estoy esperando que alguien del gobierno o de los partidos políticos con conocimientos me lo explique. Hasta que llegue esa explicación, me quedo con la mía.

¿Me puede alguien explicar la relación entre la reforma de la Constitución propuesta y acordada entre los dos partidos mayoritarios y estos problemas?

Yo solo la veo en lo tocante a la financiación de las comunidades autónomas y, para eso, se supone que hemos realizado reformas de los estatutos. Si no son suficientes, tendremos que reformarlos más, pero lo del artículo 135 de la constitución sigo sin verlo como una solución para ello.

En cambio, lo veo como una forma de limitar la capacidad de los gobiernos de izquierdas para realizar una política económica de izquierdas en el futuro.

Es como si se fijara, en las reglas de la Federación Española de Fútbol, que, en caso de duda, el arbitro siempre decidirá a favor del Madrid y en contra del Barcelona (o a la inversa, que para el caso es lo mismo)

En el mejor de los casos, la reforma de la Constitución es inocua. Pero yo soy muy desconfiado y no me creo que se vayan a tomar tantas molestias para nada.

Aparte de que los mercados lo exijan, lo que no deja de ser puramente coyuntural, no consigo encontrar una justificación razonable.

Por otro lado, no veo por qué necesitamos añadir detalles a la Ley que ya se encuentran en nuestra legislación nacional o europea.

Además, que no debemos gastar más de lo que ingresamos es de sentido común, pero me parece innecesario ponerlo en una ley.

¿Alguien estaría dispuesto a poner también que, si no hay dinero suficiente para las prestaciones sociales, se aumentaran los impuestos a aquellos que más tienen?

¿Por qué no ponemos también eso en la Constitución?

jueves, 25 de agosto de 2011

Las famosísimas y muy solicitadas Albóndigas de Bacalao de mi madre

Esta receta la aprendió mi madre de la suya, que a su vez la había aprendido de su madre. La verdad es que no sé a cuántas generaciones de Conchas se remonta.
El bacalao es un ingrediente muy apreciado y utilizado en la cocina levantina. Mi abuela era originaria de la comarca de Onteniente (Ontinyent)
Es un plato que se come con los dedos, en porciones individuales, lo que lo hace ideal para aperitivo, para comer en el campo y para preparar anticipadamente.

Ingredientes:
Dos tiras de bacalao salado sin espinas cortado en trozos, no llega a medio kilo (comprado, por ejemplo, en la casa del bacalao de la calle Tetuán de Madrid o en el mercado de San Antón)
Tres patatas grandes
La última vez que las hice (hoy) la proporción era de 550 gramos de bacalao y 750 gramos de patatas
Un huevo para la masa, otro para empanar y otro para rebozar antes de freír
Pan rallado
Perejil
Tres dientes de ajo
Pimentón dulce

Preparación:
Un día antes de preparar las albóndigas:
- Desalar el bacalao poniéndolo a remojo durante 24 horas y cambiando el agua al menos un par de veces.
El día de la preparación, preparamos la masa:
- Hervir el bacalao junto con las patatas hasta que las patatas estén hechas
- Se saca la patata y se pasa por el pasapurés
- Cuando se haya enfriado se añade un huevo y se mezcla
- Se desmigaja el bacalao, se añade a la patata con el huevo y se sigue mezclando
- En un papel de aluminio se prepara una cucharada de pimentón, perejil picado y dos o tres ajos picados
- se hace un nido en la masa y se pone en él la mezcla de especias
- Se pone aceite a calentar, cuando el aceite esta muy caliente, se vierte encima de las especias para que se sofrían sin quemarse
- se termina de mezclar bien todo

Luego vamos dando forma a las albóndigas:
- Necesitamos una superficie de trabajo grande (una mesa de comedor o una encimera de cocina amplia)
Sobre esta superficie colocamos en este orden los elementos siguientes:
- Un bol grande con la masa mezclada anteriormente
- Batimos un huevo en un segundo bol grande
- Sobre un trozo de papel de aluminio ponemos harina
- Sobre otro trozo de papel de aluminio ponemos pan rallado
- Preparamos una fuente con papel de aluminio rociado de harina para depositar las albóndigas antes de freirlas

A continuación vamos a ir preparando las albóndigas dándoles forma. Esta operación es más fácil si se hace en equipo (de dos personas)
- Tomamos una pequeña porción de masa (con las manos espolvoreadas de harina para que no se pegue demasiado) y le damos forma de croqueta.
- Rebozamos la albóndiga así formada en el huevo, la pasamos por la harina y finalmente por el pan rallado.
- Vamos depositando las albóndigas en la fuente preparada al efecto con cuidado de que no se peguen unas con otras.

El último paso consiste en freír las albóndigas:

- Preparamos una sartén con aceite caliente, pero no demasiado.
- Batimos un huevo en un plato hondo
- Rebozamos cada albóndiga en el huevo y la ponemos a freír
- Cuando esté frita la sacamos y la ponemos en una fuente sobre papel de cocina para que absorba el aceite.
- Cambiamos el aceite de vez en cuando porque se irá quemando con el pan rallado.

Ya tenemos las albóndigas de bacalao de mi madre, algunos las podrían consumir así, yo prefiero dejarlas enfriar.

Son ideales para llevar a una comida en el campo. Les pasa como a la paella, el cocido o los callos: están mas ricas al día siguiente.

En la nevera pueden aguantar una semana.




La (errónea) reforma de la constitución para limitar el déficit público

Dice John Keneth Galbraith en su Historia de la Economía que cada problema hay que analizarlo según sus circunstancias y que el afán de muchos economistas por aplicar las recetas del pasado a los problemas del presente son un error.

Alemania tuvo un episodio dramático tras la primera guerra mundial que generó una inflación exageradísima y hundió su economía.

El recuerdo de aquellos años y su intención de no repetir el mismo error les llevó a incluir en su constitución, tras la segunda guerra mundial, algunas normas para impedir que aquella situación se repitiera.

Y sesenta años más tarde, quieren que todos los países del Euro apliquen las mismas normas para resolver una situación que nada tiene que ver con aquello.

Es de sentido común, y casi todos lo aplicamos en casa, que no se puede gastar de modo indefinido más de lo que se tiene, más de lo que se ingresa.

Pero nadie necesita en su casa que esa norma de sentido común figure en las leyes y pueda ser perseguido en los tribunales si se endeuda más de ciertos límites. Cada uno sabe cuáles son sus perspectivas económicas de futuro y lo que tiene que hacer para lograr la mejor situación posible.

Muchos emprendedores, la mayoría, no habrían podido desarrollar sus empresas si hubieran tenido un corsé similar.

Todos sabemos que la misma norma, aplicada por un gobierno de un signo o por otro de signo muy diferente, puede dar lugar a políticas absolutamente distintas.

Claro que si gobierna la izquierda durante una crisis económica y hay una norma que dice que no se puede mantener un déficit excesivo durante más de un cierto tiempo, el gobierno fijará prioridades que reducirán el gasto público en aquello que pueda ser prescindible manteniendo la protección de los más desfavorecidos y asegurando hasta el límite máximo la inversión y el gasto público para relanzar la economía. Llegado el caso, incluso subirá los impuestos para asegurar el mantenimiento de la redistribución de la riqueza para garantizar el máximo de bienestar a los menos favorecidos económicamente.

Pero, si gobierna la derecha durante la misma crisis y existe esa norma, el gobierno se apoyará en ella para reducir gasto público, suprimiendo políticas sociales necesarias, condenando a los más desfavorecidos a sufrir la crisis, en aras de mantener las políticas económicas que les son apreciables, bajando impuestos a las empresas para que inviertan más, bajando impuestos a los ricos para que dediquen el dinero a invertir y, por supuesto, evitando cualquier subida de impuestos.

Es legítimo que un gobierno de derechas haga eso si ha obtenido la confianza de la mayoría de los votantes.

Pero no es necesario darle a través de la constitución argumentos adicionales para hacerlo.

Con esa misma norma los Estados Unidos de América no habrían podido ampliar el techo de su deuda sin modificar la constitución.

Creo que todos los gobiernos de derechas europeos están muy satisfechos de que esa ampliación haya sido efectiva, porque ha evitado un colapso de la economía mundial.

Vuelvo al sentido común que defendía John Keneth Galbraith en su "Historia de la Economía": cada situación requiere un análisis específico y unas medidas específicas e intentar encontrar la solución aplicando ciegamente las recetas del pasado es una insensatez. Fijar este último procedimiento, el de la referencia al pasado, como el único aplicable a través de a Constitución es una muestra de estupidez.

Otra cosa sería que Europa tuviera una política económica única, con una fiscalidad común. Entonces podríamos limitar desde el gobierno Europeo las opciones de cada país, del mismo modo que hoy consideramos lógico limitar desde el gobierno español las opcione de cada Comunidad Autónoma y de cada Ayuntamiento.

Echo de menos que la señora Merkel pida a los países del sur, como España que se alineen con Alemania subiendo sus impuestos hasta llegar al mismo nivel de presión fiscal que tiene su país en lugar de poner trabas a las políticas de gastos. Cuando estemos al mismo nivel que ellos en gastos e ingresos (siempre en proporción al PIB) hablaremos, mientras tanto, las comparaciones, además de odiosas, son tendenciosas.


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