martes 9 de febrero de 2010

¿Debemos aceptar las normas de los gurus económicos mundiales?

La Brunete mediática y económica mundial exige ortodoxia económica (es decir liberalismo económico puro y duro) a los gobiernos de todo el mundo.

Los gobiernos socialistas realistas saben, desde Felipe González, que para poder repartir riqueza primero hay que crearla y se ven obligados a plegarse a dichas exigencias.

Pero es legítimo defender otro modelo, rechazar la demonización del déficit público y el camino único para la salida de la crisis.

Hay otras opciones más acordes con las ideas progresistas y tenemos la obligación de defenderlas.

lunes 8 de febrero de 2010

La economía sumergida es INSOLIDARIDAD

¡Basta ya de condescendencia!
La economía sumergida es insolidaridad pura y dura.
No podemos sentir empatía con alguien que se aprovecha de los impuestos que pagamos todos, los trabajadores que gozamos de una posición razonablemente acomodada y los trabajadores que apenas consiguen llegar a fín de mes.
A ese fontanero que nos pregunta si queremos factura, a esa empleada del hogar que dice que no quiere que la den de alta, a ese comerciante que nos pregunta si queremos recibo, a ese propietario de bar que no hace contrato a sus camareros o a su cocinero porque la cosa no da para más, el trabajador que cobra un sueldo, sea alto o bajo, fijo o intermitente, le está pagando el autobús, el metro, el médico, el colegio de sus hijos, y tantas otras cosas.
Esas personas que viven en la economía sumergida son insolidarias.
Y la única reacción que deberíamos tener hacia ellas es la de exigirles que cumplan con su obligación de ciudadanos y paguen sus impuestos.
Esos sí son ilegales, y no los inmigrantes.
Una sociedad que admite esta situación y hasta sonríe en ocasiones al presenciarla en directo, está propiciando que se perpetúe.
Ante la economía sumergida TOLERANCIA CERO.
Deberíamos exigir estar al corriente de pago de todos nuestros impuestos para tener derecho a votar.
A quien se comprueba que ha defraudado a hacienda voluntariamente se le debería suspender el derecho a voto.

jueves 4 de febrero de 2010

Las últimas canciones del concierto de los ayuntamientos

Cuando acudimos a un concierto para escuchar y ver a uno de nuestros cantantes favoritos, llega un momento del concierto, hacia la segunda parte del mismo, cuando faltan sólo unas pocas canciones, en el que podemos hacer una valoración del concierto. Ya sabemos si ha sido bueno o malo, si el artista ha logrado conectar con nuestra alma, si ha merecido la pena, si saldremos del concierto mejor de lo que hemos entrado.

El año que viene hay elecciones autonómicas y locales.

El equipo político que gobierna nuestro ayuntamiento ya ha interpretado la mayor parte de su repertorio. Y nosotros, con el programa que nos dieron a la entrada en la mano, podemos empezar a valorar la calidad de lo que nos han brindado.

Dentro de unos meses los partidos empezarán a preparar sus candidaturas y sus programas electorales para la siguiente legislatura.

Y poco antes de las elecciones empezarán a hacer balance y a lanzar todo su arsenal de marketing político, en el sentido positivo de la expresión, para convencernos de que su opción es la mejor para el período que se avecina. Nos pedirán que sancionemos el pasado y valoremos las expectativas de futuro.

Pero ahora, en este mismo instante, ya hay elementos suficientes para valorar la calidad del trabajo realizado, tanto por parte de los gobiernos, como por parte de la oposición.

La valoración final, la decisión del sentido de nuestro voto, la podemos tomar en el último momento. Pero el proceso de formación de dicha decisión, debería ser el resultado de una reflexión tranquila y bien fundamentada que debería empezar de modo intenso ahora.
Es este un momento muy importante en la vida democrática al que no siempre damos el valor que se merece.

Tomemos el programa electoral de cada partido y analicemos, a la vista de los resultados, cual es el grado de cumplimiento de los compromisos de cada uno.
Valoremos las dificultades encontradas que puedan justificar los incumplimientos.
Identifiquemos las oportunidades perdidas que hubieran podido mejorar los resultados.
Exijamos a los partidos y a los medios de comunicación que nos proporcionen la información necesaria para hacer nuestro análisis.

Hagamos este ejercicio ahora, cuando la lejanía de las elecciones nos proporciona el sosiego necesario para ver las cosas claras y sin las exageraciones propias de la campaña electoral.

Lleguemos a la campaña electoral con una posición informada de modo solvente, seamos dueños de nuestros razonamientos y por tanto soberanos.

La Jornada de Reflexión es AHORA

Quedais citados para realizar este ejercicio, en el ámbito de Leganés, aquí mismo, a partir de este instante y durante las próximas semanas.

lunes 1 de febrero de 2010

¿Por qué nos quieren retrasar la edad de jubilación?

Porque con las estimaciones actuales, dentro de algunos años no habrá dinero suficiente para pagar las pensiones de jubilación.
Las pensiones a los jubilados las paga la Seguridad Social con el dinero que recauda de las cuotas de los trabajadores en activo.
La suma de todo lo pagado cada año a los pensionistas debe ajustarse aproximadamente a lo recaudado.

Únicamente con el objetivo de simplificar el razonamiento, podemos considerar que en el cálculo del importe de las pensiones intervienen tres variables que hay que ajustar entre sí:
  • El importe total recaudado
  • El número total de pensionistas
  • El importe medio de la pensión de cada pensionista
El importe total recaudado depende básicamente del número de trabajadores que cotizan a la Seguridad Social.

El número total de pensionistas es la suma del número de pensionistas del año anterior menos los fallecidos más los nuevos jubilados del último año. Como la esperanza de vida aumenta, el número total de pensionistas tiende a aumentar.

El importe medio de la pensión se calcula en función del importe medio del año anterior ponderado con el importe medio de los nuevos jubilados, que depende, en los cálculos actuales, de lo que hayan cotizado en los últimos años.

El Gobierno puede intervenir en la primera variable de forma indirecta mediante una política económica que cree empleo. La influencia del gobierno en sobre esta variable es limitada a corto plazo, y moderada en el medio y largo plazo.
Por otro lado, en este terreno el Gobierno se enfrenta a la reducción constante de la cantidad de empleo necesaria para producir riqueza, gracias al progreso tecnológico, por lo que se ve obligado a conseguir un crecimiento económico mínimo para mantener el nivel de empleo constante, y alcanzar ritmos de crecimiento muy elevados para poder aumentar el nivel de empleo.

En la segunda variable, el Gobierno únicamente puede intervenir reduciendo el número de nuevos jubilados, para lo cual debe retrasar la edad de jubilación, tanto de los jubilados "ordinarios", como de los "prejubilados". El problema de esto es que no se liberan sus puestos de trabajo para ser ocupados por otros trabajadores más jóvenes, con lo que aumenta el paro y las necesidades de proporcionar a esos parados recursos para subsistir.

En la tercera variable, el Gobierno puede intervenir cambiando las reglas para calcular el importe de las pensiones (por ejemplo, aumentando el número de años que se toman como referencia para dicho cálculo)

El Gobierno debe mantener el equilibrio de las cuentas de la Seguridad Social de modo permanente. Para ello, debe ir modulando las tres variables anteriores, manteniendo al mismo tiempo un fondo de reserva que permita disponer de recursos para pagar las pensiones en los años de crisis en los que desciende la recaudación. En consecuencia, como regla general, el total pagado a los pensionistas cada año debe ser igual o inferior a lo recaudado.

En ocasiones se producen fenómenos excepcionales que cambian de modo significativo una de las variables.

La llegada masiva de inmigrantes a España en los últimos años ha aliviado el problema temporalmente porque ha aumentado de forma significativa el número de trabajadores sin aumentar en la misma proporción el número de pensionistas. Únicamente han venido trabajadores inmigrantes, los pensionistas se han quedado en su país.

Sin embargo, esta situación tiene un límite. España no puede absorber un número creciente de inmigrantes de modo permanente, y los inmigrantes que llegan hoy, van acumulando derechos a su pensión que ejercerán dentro de unos años cuando se jubilen.

El Gobierno, al tener un mandato de sólo 4 años, podría caer en la tentación de no tomar en cuenta la necesidad de asegurar las pensiones a largo plazo.
Pero, desde que todos los partidos y agentes sociales firmaron el pacto de Toledo, hace ya muchos años, todos los gobiernos de España se han preocupado de este asunto, aunque ninguno, hasta ahora ha tomado medidas concretas por su impopularidad.

El Gobierno del PSOE se anticipa al problema del sistema de pensiones, que se presentará dentro de diez o veinte años. El problema parte de la constatación de que si mantenemos las reglas actuales, el importe recaudado de las cotizaciones de los trabajadores no será suficiente para pagar las pensiones de los jubilados. Es necesario hacer algo, ya sea para aumentar la cantidad recaudada o para disminuir la cantidad pagada a los pensionistas.
Como no es realista pensar que se puede aumentar la cantidad recaudada, porque para ello habría que aumentar el importe de lo que cotiza cada trabajador o el número de trabajadores, ambas cosas difícilmente al alcance de los gobernantes, la solución propuesta consiste en reducir el importe pagado a los pensionistas con las mediante dos medidas:
  • Retrasar la jubilación en dos años, con lo que reducen el número de pensionistas en una cantidad igual al de personas que se jubilan durante dos años.
  • Aumentar el número de años que se tomarán como base para calcular el importe medio de la mensualidad que percibirá cada trabajador, con lo que se reducirá el importe medio percibido por los pensionistas.

Estando de acuerdo con la necesidad de actuar, y de hacerlo ya, yo creo que hay que buscar otros procedimientos. En particular, no creo que el retraso en la edad de la jubilación tal como se ha propuesto sea la solución adecuada.

Es evidente que la medida de retrasar la edad de jubilación no va a aumentar el número de trabajadores, porque dicho número depende de las necesidades de la economía, que a su vez dependen del PIB (la cantidad total de riqueza producida) y de la productividad (la cantidad de empleos que se necesitan para producir cada unidad de riqueza).

El retraso propuesto no tiene ningún efecto significativo en las dos variables citadas. En consecuencia, si se mantiene el número de trabajadores, el retraso en la jubilación supondrá un aumento del número de parados. Esto tendría un efecto negativo en las expectativas laborales de los ciudadanos españoles y probablemente en la productividad puesto que se sustraería del mercado de trabajo a las personas que se encuentran en el momento más eficaz de su vida.

En definitiva el resultado de la medida propuesta, es como si se desplazara dos años hacia arriba la edad de incorporación al trabajo, dejando dos años vacíos entre la edad de finalización de los estudios y la de la incorporación al trabajo.

No se puede tomar una medida de ese calado sin proponer una alternativa para llenar esos dos años.

Me parece muy positivo que el Gobierno haya tomado la iniciativa para lanzar el debate.

Es difícil encontrar medidas alternativas con un efecto similar a las propuestas por el Gobierno.

Todas las fuerzas políticas, así como los agentes sociales, deberían estar esudiando sus propias propuestas con el fín de encontrar entre todos las que resulten mejores, en lugar de limitarse a criticar las del Gobierno sin más.

Por mi parte, propondría una alternativa basada en un conjunto de medidas complementarias entre sí:

  • Establecer durante los años previos a la jubilación una reducción paulatina de la jornada laboral acompañada de la correspondiente reducción de los ingresos, manteniendo éstos en cualquier caso por encima de la correspondiente pensión de jubilación que correspondería al trabajador.
  • Establecer, en la misma medida, la posibilidad de contratar a tiempo parcial a trabajadores que necesiten compaginar su vida laboral y su vida personal. Por ejemplo, trabajadores con hijos pequeños, o que estén realizando algún tipo de estudios. Dependiendo de las motivos y la situación de cada uno, el Estado podría complementar los menores ingresos de dichos trabajadores con aportaciones en función de los hijos, etc.
  • Reducir progresivamente la jornada laboral para absorber el incremento de la productividad como consecuencia de los avances tecnológicos.
  • Si las medidas anteriores nos acercan a una situación de pleno empleo, proponer, entonces sí, la prolongación de la vida laboral, estudiando los sectores en los que ello fuera viable.

Se trata, evidentemente de unas pocas ideas insuficientemente desarrolladas en sus detalles e impacto sobre el sistema de pensiones, pero considero que son útiles como punto de partida para este transcendental debate al que todos deberíamos aportar nuestro grano de arena.

Si el debate se desarrolla en nuestra sociedad, estoy convencido de que volveré a escribir sobre el tema aportando nuevas ideas sobre la base de lo que entre todos vayamos construyendo.

viernes 29 de enero de 2010

¿Es digna Esperanza Aguirre de ser presidenta de la Comunidad de Madrid?

Su posición como presidenta es legítima porque obtuvo un número de votos de los electores madrileños suficiente para ello.
Pero la pregunta es si es digna de ello, si realmente lo merece por sus cualidades.
Alguien que espía a sus compañeros de partido no es digna de ser presidenta de la Comunidad de Madrid.
Alguien que menosprecia a los sindicatos, llamándoles anacronismo y aberración, no es digna de ser presidenta de la Comunidad de Madrid.

Cabe recordar aquí que los sindicatos son instituciones refrendadas por la Constitución Española para contribuir a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de los trabajadores.

Alguien que se alegra y considera un golpe de buena suerte el hecho de retirar a un compañero de su propio partido un cargo de representación en el Consejo de Administración de Caja Madrid y prefiere concedérselo a un miembro de un partido adversario, y que además manifiesta su alegría no por el incremento de la pluralidad y el respeto a los otros que ese hecho puede representar, sino porque considera a su compañero un "hijo puta", no es digna de ser presidenta de la Comunidad de Madrid.

Podría citar decenas de acciones de la indigna presidenta, prácticamente nos "regala" una cada día, que me llevarían a la misma conclusión. Ahí está su desfachatez para inaugurar varias veces el mismo aparato médico en distintos hospitales, el engaño con la contabilidad de las listas de espera, etc.

Cada día que oigo una de sus "hazañas" me cabreo por no poder sentir respeto por alguien que ocupa tan alta instancia representándome a mí.

Insisto: Esperanza Aguirre no es digna de ser presidenta de la Comunidad de Madrid.

Pido a los votantes madrileños que sancionen su baja actitud moral retirándole la confianza y sus votos en las próximas elecciones.

Y, utilizando la técnica de un viejo compañero suyo de partido, diré que no la voy a acusar, aunque podría hacerlo, de haber llegado a ese cargo beneficiándose de un turbio asunto en el que, al parecer, mediando una suma de dinero, unos sinvergënzas impresentables, de nombre Tamayo y Saez, forzaron la repetición de las elecciones, que habían ganado los adversarios de Esperanza Aguirre, con el objetivo de cambiar el resultado.

Primeros pasos y algunos trucos con el libro electrónico

Hace unos días me regalaron un libro electrónico.

Lo primero que me llamó la atención fué la cantidad de libros que caben en su memoria.
En cualquier modelo, por pequeño que sea, puedes llevar toda una pared de libros.

Los siguientes detalles destacables fueron su ligereza, apenas 170 gramos, y su tamaño, equivalente a un libro de bolsillo muy delgado.

Con esos mimbres me las prometo muy felices, aunque el primer choque con la realidad me ha hecho ver las cosas con más realismo.

En primer lugar, el aparato se me ha bloqueado varias veces al tratar de leer libros en formado DOC (¿a quién se le ocurre seguir a Microsoft?) y PDF.

En segundo lugar, me ha parecido que iba algo lento cuando cambia de pantalla.

El primer problema creo haberlo resuelto al descubrir que el formato más adecuado para mi libro electrónico es el EPUB, que es el estándar del mercado utilizado por todos excepto Amazon.

Es un formato orientado a texto, aunque también soporte imágenes, que ocupa muy poco espacio y funciona mucho mejor en el aparato en cuestión.

También he descubierto que existe un programa gratuito de código abierto, llamado Calibre, muy fácil de usar, que convierte casi cualquier formato a EPUB

El segundo problema, lo he entendido al leer este estupendo artículo de Javier Cantero en el blog de Pedro Jorge Romero: la explicación está en la tecnología utilizada por el libro electrónico, la llamada tinta electrónica, que tiene la ventaja de consumir poca energía, pero el inconveniente de la lentitud.

Creo que mi relación con mi nuevo aparato va a ser muy intensa y duradera, teniendo en cuenta la cantidad de horas que paso en trenes de cercanias y aviones de lejanías.

miércoles 27 de enero de 2010

Ante la expulsión de Cristiano Ronaldo

Viendo la que se ha montado ante la expulsión de Cristiano Ronaldo por dar un codazo a un contrario mientras braceaba tratando de desembarazarse de un agarrón, me he acordado de una reflexión que hago a menudo sobre el mundo del fútbol y que es aplicable, con más razón aún, al resto de la vida en sociedad.

En el incidente futbolístico mencionado, el malo de la película, el que merece la sanción ejemplar, es el jugador que, al recibir una falta por infracción del reglamento del contrario, golpea al otro en un acto reflejo, más o menos voluntario.

Nadie ha comentado como inaceptable el comportamiento del jugador que cometió el agarrón.

En el fútbol hay unas normas, que se llaman reglamento.
Cuando alguien no cumple el reglamento, recibe una sanción.
Con frecuencia la sanción es menos dañina para el infractor que la acción que ha impedido con su incumplimiento.
El ejemplo típico es "la falta táctica" que sirve para cortar, en el centro del campo, muy lejos de la propia portería, un avance peligroso del equipo contrario cuando los nuestros están descolocados.
Los periodistas y los aficionados elogian normalmente al infractor porque ha hecho lo mejor para los intereses de su equipo y llegan incluso a criticarle en caso de no hacerlo.

Esto genera una corriente mayoritaria de opinión que considera moralmente aceptable, incluso recomendable, infringir las reglas.

Pero las reglas se han hecho, en el caso del deporte, para que triunfe el mejor sin hacer trampas, con juego limpio.

Sin embargo, todos hemos acabado abrazando la degradación moral que supone aceptar un cierto nivel de incumplimiento de las normas como algo normal y positivo.

Y en cierto modo, esa misma situación se produce en otros aspectos, sin duda más importantes de la vida social.

Por ejemplo, cuando el fontanero nos pregunta: ¿quiere factura o no? (o el tendero: quiere "tique", etc.)

Lo que en realidad quiere decir es: ¿acepta usted que hagamos trampas entre los dos, yo no pagando a hacienda lo que debería y usted ahorrándose una parte del coste gracias a este fraude?

Y todos lo consideramos normal y moralmente aceptable. Incluso algunos consideran que hace falta ser tonto para actuar según las reglas.

Lo más grave no es que se produzcan estas situaciones.

Lo más grave, desde mi punto de vista, es la relajación ética que supone el que se haya instalado en la Sociedad la valoración de estas actitudes como algo moralmente aceptable.

Es necesaria una revolución ética contra esta degradación moral: Tolerancia cero ante las conductas tramposas o irrespetuosas con las normas que nos hemos otorgado.

El tramposo debe sentir el oprobio por parte de los demás.

He aquí un argumento más para considerar imprescindible la Educación para la Ciudadanía.