sábado, 14 de agosto de 2010

Volvemos a Mallorca

Es jueves por la mañana y ya hemos desayunado y nos hemos empapado en nuestra bajada a tierra.
Esta mañana temprano hemos sacado el barco del lugar donde tanto nos había costado amarrarlo, junto al acantilado y lo hemos anclado en medio de la entrada a la cala, en un lugar abierto donde nos resultará mucho más fácil maniobrar para zarpar, incluso si el viento es desfavorable.
Hoy vamos a atravesar el canal de Menorca para regresar a Mallorca, donde mañana finalizará nuestra travesía en barco. Para aprovechar mejor el tiempo vamos a comer mientras navegamos.
Sopla viento de Levante, algo inclinado al nordeste, por lo que llevaremos viento de popa, flojo, a lo largo de toda la travesía.
Con estas condiciones, la travesía hasta la punta de Capdepera, en el extremo sur de la bahía de Alcudia, será algo desagradable, porque el viento de popa producirá un balanceo persistente del barco que causará estragos.
El viaje, que tiene algo de melancólico por ser el de regreso, se nos hace un poco más largo de lo habitual.Durante el camino se producen dos "bajas". Rubén y Concha pasarán todo el viaje con el cuerpo revuelto, uno durmiendo en su camarote y la otra durmiendo en cubierta.
Los demás preparamos y consumimos una comida a base de ensalada, sandwiches variados y algo de fruta, todo ello aderezado por el balanceo persistente del barco.
Hoy está más justificada que nunca la expresión "una mano para el marinero y otra para el barco", refiriéndose a la necesidad de mantenerse agarrado a algo en todo momento para evitar caerse o golpearse.
Al llegar a la altura de Capdepera, en Mallorca, sin haber perdido de vista tierra en ningún momento, viramos a babor y navegamos junto a la costa hasta Porto Cristo, donde planeamos pasar la noche.
El viento nos entra, flojo, de través. Raúl decide desplegar únicamente el Génova ayudado del motor para esta parte del viaje. Las olas, en general pequeñas, nos atacan ahora de lado por babor.
De vez en cuando llegan dos o tres olas más grandes que nos zarandean ampliamente.
Al llegar frente a Porto Cristo realizamos una maniobra que ya conocemos casi de memoria. Recogemos la Vela poniendo proa al viento para facilitar la operación.
Es el momento de afrontar la bocana del puerto y descubrir lo que nos depara el destino.
El puerto de Porto Cristo es un puerto minúsculo, al fondo de una pequeña cala en la que casi no queda sitio para fondear y, pese a su configuración relativamente protegida del mar abierto, el viento reinante hace el fondeo extremadamente incómodo para pasar la noche.
Pide Raúl por radio una plaza de amarre en el puerto para un barco de 15 metros y la encuentra en el puerto público.
Aunque nuestra plaza es amplia, la estrechez del puerto y el poco calado, junto con el viento, nos complican la maniobra.
Con el barco amarrado descubrimos que disponemos de agua y luz, por lo que podremos cargar el iPad y usar el secador de pelo.
En la oficina del puerto nos recomiendan para cenar el restaurante Siroco, muy cerca, casi en el mismo puerto. Al parecer el propietario compra el pescado cada día a los pescadores del lugar y la calidad está asegurada.
En la cena damos buena cuenta de unas gambas rojas de Mallorca exquisitas y un "cap roig" (cabracho) muy digno.
A la mañana siguiente, ya viernes, tras una detallada inspección de los papeles del barco y los documentos de identidad de los pasajeros por parte de la Guardia Civil, consecuencia sin duda de ser el único barco amarrado llegado la noche anterior en el que se veía a los tripulantes; soltamos amarras para emprender nuestra última travesía en el furtivo rumbo al puerto de Palma, donde, esta tarde, finalizará nuestra aventura en velero.Seguimos la costa de Mallorca en dirección sur hasta la punta de Salinas donde doblamos para seguir costeando hasta la bahía de Mallorca.Antes de llegar el viaje nos depara todavía una agradable sorpresa.
Muy cerca del faro de la punta de Salinas avistamos una amplia cala, con forma semicircular, de aguas de color turquesa transparentes con los pinos llegando prácticamente a la orilla.Es una zona sin urbanizar, cerca del Estany de Ses Gambes, donde en medio de muchos otros barcos de recreo que confirman con su nutrida presencia lo acertado de la elección, nos damos un último baño en el mar y hacemos nuestra última comida a bordo.Tras la comida levamos el ancla con algunas dificultades, porque ha quedado atrapada en unas rocas y el viento nos acerca peligrosamente a los barcos vecinos durante la maniobra.
La entrada en la bahía de Mallorca nos muestra la inmensidad de la misma. Para poner rumbo al puerto nos orientamos con la inmensa mole, visible desde larga distancia, de la Seo de Palma.
La navegación dentro de la bahía es ya muy tranquila y aprovechamos para hacer las maletas, porque en el puerto no podremos permanecer mas de unos minutos.
Afortunadamente, la casualidad ha querido que la marina donde desembarcamos esté justo enfrente del Hotel Bellver, en el que hemos reservado nuestro alojamiento para los tres días de turismo en Mallorca que nos restan antes de volver a casa.
La despedida es breve, en parte por la necesidad de liberar el punto de amarre rápidamente, y en parte por la tristeza de dejar el Furtivo I en el que tanto hemos disfrutado.
No sé si repetiremos, pero estoy seguro de que en este momento todos lo estamos deseando.

-- Desde Mi iPad

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