Mostrando entradas con la etiqueta partidos políticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta partidos políticos. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de agosto de 2010

¿Para qué sirve un partido político?

Dice la Consitución Española que los partidos políticos son un elemento fundamental de la democracia cuya función consiste en contribuir a construir y difundir la voluntad popular y facilitar la participación ciudadana en la vida política.
Los partidos son un tipo de entidad creada hace algunos años que quizás no han experimentado la evolución que como institución dentro del sistema político hubieran necesitado.
Creo que algo parecido les ocurre a los sindicatos, por cierto.
Pero hay dos cosas que me parecen fundamentales en la esencia de los partidos políticos que siguen siendo vigentes hoy:
  • Su función de canalizar la participación ciudadana en la vida pública.
  • Su función de proponer ideas para construir la voluntad popular.

Las dos cosas me parecen muy importantes y las dos podrían estar en peligro en la actualidad.
Con respecto a la primera, la existencia de políticos profesionales, que únicamente han tenido la política como actividad durante su vida profesional puede acabar convirtiendo a los partidos políticos en una herramienta para la promoción profesional de personas que manejan los resortes de su funcionamiento interno, limitando la participación ciudadana a la acción de votar cada cuatro años.
Pero no es éste el aspecto del que quiero hablar hoy. Quizás en otro artículo más adelante.
En lo tocante a la segunda, el culto a las encuestas, exacerbado por la, probablemente excesiva, participación de los medios de comunicación, periódicos, y emisoras de radio y televisión, puede limitar perniciosamente la actividad de reflexión y promoción de debates en el seno de los partidos políticos y su capacidad de proponer ideas para el futuro.
En efecto, muchos responsables de partidos políticos a distintos niveles parecen más atentos, a la hora de construir sus alternativas, ya sean programas o listas electorales, a los resultados de las encuestas que a los resultados de las reflexiones internas tras debates informados.
Hacen de ese modo, desde mi punto de vista, dejadez de su función principal porque si la reflexión ciudadana ya está realizada y sólo tenemos que recolectarla y ponerla por escrito, no necesitamos un partido político, sino un gabinete de prensa que interprete las encuestas.
Es obligación de los militantes del partido generar ese debate, escuchando al ciudadano en la calle, sin duda, pero, sobre todo, facilitando su participación en el mismo mediante información y propuestas basadas en principios, aquellos que conforman la ideología de cada cual.
Unicamente con esos mimbres, basados en la información al ciudadano para que su intervención en el debate público sea fundamentada, podrá llegar a construirse una voluntad popular seria y rigurosa.
Porque, si nos apoyamos única, o principalmente, en los resultados de una encuesta, la cantidad de reflexión humana que habrá en el resultado final será la que empleamos para responder a las preguntas de una encuesta, cuatro o cinco segundos. Y eso, además de no ser eficaz desde el punto de vista racional, no necesitaría la presencia de un partido político.
Los partidos políticos deben ser fuente permanente de propuestas, basadas en el debate informado, para ayudar, incitar a la sociedad, al ciudadano no militante, a reflexionar y posicionarse.
No voy a aplicar directamente esta reflexión a la situación creada en el Partido Socialista de Madrid con las primarias para la elección del candidato porque me parece que sería reducir la importancia de dicha reflexión, que es aplicable, de modo más general a toda la vida política, en ése y en todos los demás partidos y ámbitos.
Debo decir que la existencia de los dos defectos expuestos en este artículo es lo que me ha llevado hace dos años a participar como militante de un partido en la vida política, con la firme voluntad de contribuir a cambiar las cosas.

martes, 2 de marzo de 2010

La política en la calle

Hace 19 años visité Munich por primera vez.
La democracia en España era una realidad, pero la actividad política en nuestro país, tal como yo la percibía, era algo que se limitaba a las fiestas y los mítines de las campañas electorales y lo que se publicaba en los medios de comunicación el resto del tiempo.
En las calles de Munich ví numerosas mesas ubicadas en la calle donde un grupo de activistas, de algún partido político, ofrecía información sobre algún asunto que mi rudimentario alemán no me permitió entender.
No había en aquella ocasión ninguna campaña electoral en marcha. Los militantes alemanes habían tomado la iniciativa de salir a la calle para informar de la posición de su partido sobre algún asunto sometido a debate público por aquel entonces.
Aquello fué una novedad para mí, la naturalidad con la que se llevaba el debate político a la calle, al nivel del ciudadano de a pié, me sorprendió y me produjo una sana envidia.
Desde entonces la actividad política ha cambiado mucho en España, sin duda para bién en la esencial.
Pero creo que todavía no hemos dado ese paso decisivo que acerque la política, y a los políticos, al ciudadano, a la calle.
Da la impresión de que todavía hay quien piensa que a la gente no se le pueden explicar las cosas como son, que hay que pre-digerirlas y darles forma, simplificándolas, o convirtiéndolas en un eslogan simple, para que la gente normal las entienda y pueda formar su opinión.
También hay mucha gente en la actividad política, la mayoría de los militantes de base y muchos cargos públicos, que echan (que echamos) en falta un mayor contacto directo con la gente, el intercambio bidireccional y cotidiano con los votantes.
Si dejamos la comunicación directa con los ciudadanos para la época de la campaña electoral y nos limitamos el resto del tiempo a debatir a través de los titulares de los medios de comunicación, se producirán varios hechos negativos:
  • Los votantes tendrán una información limitada en sus argumentos, sobre las propuestas y realizaciones de unos y otros.
  • Los partidos políticos no tendrán más información sobre las posturas y problemas de la gente que la que puedan obtener de las encuestas que realicen y de lo que digan los medios de comunicación
  • Los ciudadanos se sentirán lejos de los políticos que los representan y tenderán a considerarlos a todos iguales o similares.
  • Cualquier hecho grave que requiera tomar decisiones difíciles que supongan reducir determinadas ventajas para algun colectivo resultará más difícil de afrontar.
  • Los militantes de los partidos políticos tenderán a desmotivarse y acabarán trabajando únicamente aquellos que ostenten cargos públicos o aspiren a hacerlo
Los partidos políticos cumplen en nuestra sociedad la función de canalizar y facilitar la participación de los ciudadanos en la gestión pública.
Creo que el camino que deben tomar los partidos políticos para responder a esa misión es salir a la calle con sus propuestas, previamente debatidas, acordadas y explicadas a sus militantes, para que éstos las trasladen a los ciudadanos y obtengan a su vez de ellos sus reacciones, procupaciones y propuestas.
La política debe apoyarse en ese debate abierto y cotidiano.
Los militantes, que al afiliarse a un partido expresan un compromiso de participación en la vida política deben ser los principales actores de dicha comunicación.
Los militantes tienen la obligación de asumir dicho protagonismo.
Los cuadros dirigentes de los partidos, a todos los niveles, tienen la obligación de estructurar, organizar y dirigir la participación de los militantes exigiéndoles su implicación en dicha actividad y proporcionándoles los medios necesarios para ejercerla.
La clave es salir a la calle y hablar con la gente, y para eso estamos los militantes de los partidos políticos, que somos muchos y hemos adquirido un compromiso al afiliarnos
 
Google Analytics Alternative