sábado, 3 de enero de 2009

Quemar después de leer: La realidad con frecuencia parece una parodia

Hoy he visto por primera vez la película "Quemar Después de Leer" dirigida por Ethan y Joel Cohen.
Me parece sencillamente una obra maestra.
Hay ocasiones en las que me sorprendo de hasta qué punto alguien con talento es capaz de utilizarlo con tanta maestría.
En este caso, añadiendo al talento una buena dosis de trabajo, transmiten un mensaje muy serio bajo la apariencia de una obra de humor que se nos presenta casi inofensiva y resulta corrosiva y ferozmente crítica.
Me pasó algo parecido hace unos meses leyendo una novela de John Keneth Galbraith, aparentemente menor, de calidad literaria limitada, pero que explicaba de forma divertida y didáctica la tozuda torpeza de los Servicios Secretos de Estados Unidos aplicados a la política exterior.
A la hora que escribo estas líneas no recuerdo el título, que añadiré más tarde, de esta obra rara en la producción de este autor fallecido recientemente casi centenario, uno de mis favoritos, que es conocido sobre todo por haber publicado numerosos libros sobre economía, especialmente la divertida y amena "Historia de la Economía", que he leido dos veces y volveré a hacerlo para seguir disfrutando.
Volviendo a la película, ésta nos muestra un ejemplo de la falta de seriedad vigente en muchas de las actuaciones de los responsables de muchas organizaciones públicas o privadas, que piensan que lo que hacen es lo adecuado únicamente porque lo hacen ellos.
En este caso vemos, a través de la forma chapucera y desenvuelta, rebosante de frivolidad, con la que los responsables de una de las agencias de espionaje del citado país maneja un incidente menor sin apenas importancia, cómo se puede llegar al absurdo más delirante simplemente por aplicar los medios a su alcance, aquellos que conocen, desproporcionados a todas luces, pero lógicos atendiendo al ensimismamiento en el que viven estos responsables (de relativamente bajo nivel, pero representativos de toda la Agencia)
Lo mejor es que este mensaje nos llega con un sentido del humor, negro en este caso, corrosivo e inteligente.
Me ha recordado mis sensaciones cuando por primera vez comprobé que los Directores de las Empresas no son más inteligentes ni están mejor preparados que la mayoría de sus empleados, pero, como sus decisiones tienen mucha más transcendencia, todos tendemos a considerarlos como tales.
Me pasó siendo yo un joven vendedor durante una negociación de mi empresa, filial española de una multinacional, con una empresa francesa para presentar una oferta conjunta al Instituto Nacional de Meteorología hace más de veinte años.
Pero esa historia la contaré otro día. Hoy quiero simplemente dejar constancia de mi admiración por los responsables de esta película. Gracias por vuestro magnífico y divertido trabajo.

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